Wednesday, May 22, 2013

Cannes 2013 – Día 5

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No existe nada como la experiencia de ver hasta cinco películas en un día, haciendo colas de hasta dos horas para cada una de ellas, comiendo cualquier cosa mientras se corre de una sala a otra o estando de pie en la fila, para encima llegar a casa todos los días después de la medianoche a tratar de escribir algo coherente. Todo esto para levantarse a las 6:30am al otro día, y empezar de nuevo otra vez.

Y ese esquema es para nosotros los mortales, porque si se agrega a eso la cantidad de fiestas fastuosas en yates y eventos paralelos a los que son invitados algunos pocos, el día se hace más corto aún para hacer todo lo que se quiere.

El que se queje de eso…bueno, que siga quejándose porque no es nada fácil. Es un maratón, y los primeros desmayados ya están empezando a verse en el camino. Se les ve en las proyecciones de las 8:30am en la siguiente situación: cabeceo–dormida profunda–ronquidos–despertarse rápidamente y actuar como que se estuvo despierto todo el tiempo. Asumo también por los olores mareadores en las proyecciones que salieron tan rápido que nos les dio tiempo de bañarse, pero ese es otro tema.

En este día vi tres películas: una es la peor que he visto de todas las selecciones, otra es un documental espléndido, y otra un ejercicio de género que me entusiasmó muchísimo –

 

Death March [Adolfo Alix, 2013] – Sección Un Certain Regard

Death March

Una de mis filosofías al ver una película es que, no importa lo desastrosa que sea, tengo que verla hasta el final. Sin haber visto hasta el último fotograma, no hay base para hablar de ella. Así de simple.

Como dijo Almodóvar en Los Abrazos Rotos [aunque en un contexto diferente], las películas hay que terminarlas.

Con Death March puse esta regla autoimpuesta más a prueba que nunca, porque a los 15 minutos ya estaba agonizando de muerte en mi butaca. Otros asistentes a la proyección evidentemente no tienen mi paciencia, porque al término de una escena en la que un capitán norteamericano dice desesperadamente a uno de sus soldados que tiene que defecar, procede a hacerlo [con efectos de sonido incluidos], y el soldado impávido replica que “es preferible ese olor al olor de la muerte”, el éxodo masivo empezó de inmediato.

Ambientada utilizando espacios cerrados, con decorados y efectos de sonido intencionalmente artificiales, el director filipino Adolfo Alix recrea con asombrosa torpeza y amplias dosis de hilaridad no-intencional los horrores perpetrados por los invasores del Imperio de Japón a soldados filipinos y norteamericanos durante la infame Marcha de la Muerte. Y lo hace con el nivel de excelencia de una velada teatral de bachillerato.

Buscando ostensiblemente retratar el efecto desorientador de la guerra, Alix se apoya en recursos como simbología cargada de una obviedad que provoca risas [ángeles vestidos de blanco], escenas reiterativas, efectos de sonido exasperantes, pasajes de cámara lenta interminables y actuaciones de telenovela. Todo lo anterior no creo que fuera su intención, pero así le quedó con todo y buenas intenciones.

No comprendo cómo experimentos de una mediocridad e ineptitud de este calibre pueden pasar el riguroso colador de un festival como este, mientras otras películas de valor muy superior son relegadas a secciones paralelas.

Vergonzosa.

 

The Missing Picture/L’Image Manquante [Rithy Panh, 2013] – Sección Un Certain Regard

The Missing Image

Rithy Panh ha dedicado su carrera como documentalista a denunciar los horrores poco discutidos [y poco representados en el cine] cometidos por el Khmer Rouge en Camboya durante su cruel régimen de cinco años.

Lo que comenzó como la supuesta ejecución más pura de los mandatos de Marx, como suele suceder terminó desvirtuándose y convirtiéndose en una de las dictaduras más terribles del siglo XX – prohibiendo las artes y el pensamiento libre, desapareciendo a los intelectuales, separando familias, y enviado a la población al campo a realizar trabajos forzados.

Panh y su familia conocieron en carne propia estos horrores - sus padres y hermanas no sobrevivieron la hambruna y las condiciones infrahumanas de vida y trabajo, por lo que mantener este tema vigente en la opinión pública se ha convertido en una tarea de vida para Panh. Esto, porque las heridas de este proceso están aún tan frescas, que es un tema que hasta los propios Camboyanos se resisten a discutir abiertamente.

La limitación de material audiovisual de apoyo [mayormente de propaganda del propio Khmer Rouge] y la ausencia de víctimas que sirvan como testigos de los hechos, hacen que Panh utilice un recurso que de entrada podría parecer un gimmick tramposo – crear dioramas con figuras de barro que representan cada uno de los hechos que van narrándose. Es una derivación interesante del estilo utilizado por Alan Resnais en Night and Fog para retratar otra tragedia histórica. La narración alterna entre remembranzas familiares personales, datos históricos, y punzantes críticas al régimen.

El color y la vivacidad de las figuras de barro y su ambientación crean un contraste interesante con el material propagandístico en blanco y negro, que en comparación resulta estudiado e irreal, como en efecto lo fue. A pesar de tratarse de figuras inmóviles, Pahn logra casi hacerlas cobrar vida con su agudo sentido de geografía y la forma en la que coloca y mueve su cámara.

Es un documento autobiográfico singular en honor a su familia. Poético por instantes. Su propósito es recrear un imagen perdida de su país, llenar las lagunas históricas de hechos que no se conocen o se ha elegido olvidar, retratar una imagen obviada del material propagandístico del régimen que debe crearse de cero, porque simplemente no existe.

Como dijo el propio Pahn en la conferencia de prensa, su afán no es encontrar esa imagen, sino mostrar el difícil proceso de buscarla.

Un proceso, agrego yo, que solo el cine es capaz de capturar en toda su dimensión. El resultado es igual de desgarrador que revelador.

Magnífica.

 

Blue Ruin [Jeremy Saulnier, 2013] – Sección Quinzaine des Réalisateurs

Blue Ruin

El propósito principal de la Quinzaine des Réalisateurs este año es el de enfocar la atención al cine de género, y Blue Ruin es un ejemplo excepcional de la necesidad de dar su justo valor al género, y dejar de considerar ese cine como menor.

La venganza es uno de esos temas que por antonomasia se prestan para el cine. El proceso de planear, poner en marcha y ejecutar una venganza son situaciones por definición ideales para explotarse extensivamente de manera visual, y así se hecho desde el principio mismo del cine.

Blue Ruin, segundo largometraje de Jeremy Saulnier, es una especie de respuesta disruptiva a las convenciones del género, uno cuyas reglas y códigos están tan enraizados en la consciencia de la cultura popular, que es bienvenido cuando llega una película a violarlos casi todos. Este es otro proyecto que se apoyó exitosamente de la creciente tendencia de utilizar a Kickstarter como herramienta de financiamiento.

Imaginen a la persona peor equipada para cometer una venganza violenta, las situaciones en las que caería por su ineptitud, por su poca capacidad física, y por lo absurdo de su plan. Ese justamente es Dwight, que al enterarse de que el hombre que asesinó a sus padres acaba de salir libre, regresa a su natal Virginia a cobrar justicia por mano propia. Armado de su inteligencia y de que aparentemente no tiene ningún otro propósito en la vida, su plan va saliéndosele de las manos con cada nueva torpeza que comete. Afortunadamente, la mirada de Saulnier no es de burla ni de condescendencia hacia su protagonista, manteniendo el foco en su tenacidad de llevar a término lo que se ha convertido en un asunto de orgullo y compromiso familiar.

La venganza es un tema tan íntimamente ligado, tan crucial al western, el género más netamente norteamericano que existe, que exactamente eso es lo que ha hecho Jeremy Saulnier, escrito-dirigido-fotografiado un western gótico ambientado en el sur profundo. La ubicación de la película tiene una lectura adicional además del hecho de que el director quería ambientarla en su ciudad natal. Este es un lugar donde la cultura de la tenencia de armas es preponderante, y Saulnier aprovecha para hacer observaciones muy puntuales sobre ese tema.

Saulnier tiene un control total del tono y ritmo de su relato, revelando paulatinamente los hechos que llevaron a estos personajes a donde se encuentran ahora, y en el que paralelo a la violencia, hay un sentido del humor macabro muy bien manejado.

El otro día hablaba de que la película de 80-90 minutos era un arte perdido. Esta es ejemplo superior de que no lo está del todo.

Monday, May 20, 2013

Cannes 2013 – Día 4

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Lluvia otra vez.

Y no un aguacero de mayo cualquiera, sino del tipo que lo paraliza todo. Frío de 10°, ventarrones y aceras inundadas. Al principio me niego, pero debo sucumbir y comprar otra sombrilla china desechable a otro vendedor callejero marroquí. Ahora pude regatear, y me la dejó en 3 euros. Están comiendo con grasa con todas estas ventas excepcionales - uno de ellos me contó que ha llegado a vender hasta 30 en un solo día.

Aparte de la lluvia, algo que ha hecho todo más lento y molestoso es el reforzamiento de la seguridad en todas las áreas del Palais luego del incidente con el payaso de la granada falsa.

Los de seguridad, que en su gran mayoría de por sí tratan a todos [los rose et pastille y blancos también] como indigentes que vienen a robar su aire y a ennuyer con su presencia, ahora están más amables y delicados que nunca, susurrándote que abras tu maletín, y musitándote melodiosamente que le muestres tu credencial. Una mirada fulminante de alguno de ellos es suficiente para aterrorizar a algunos. Estar aquí es un privilegio, y hacértelo saber a cada instante es labor principal de muchos aquí.

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Como decía el otro día en Twitter, en Cannes hay dos mundos paralelos que ni de casualidad se tocan – el del lujo deslumbrante de las alfombras rojas y los afterparties en yates [a los que incluso muy pocos blancos y rose et pastille llegan], y el de los que tenemos que hacer cola de hasta dos horas bajo la lluvia, y que ello ni siquiera asegure la entrada a la proyección en cuestión, porque verán, el sistema de castas Cann-ino es más complejo de lo que pensaba. Al parecer, hay decenas de categorías jerárquicas adicionales de credenciales, todas ellas de colores misteriosos que te permiten el acceso a cualquier lugar y darle una buena dosis de shade a los infelices de la fila.

Mientras tanto, los que queremos asistir a la Salle Lumière y ver las películas en competencia en el aforo más grande y con la mejor pantalla, debemos hacerlo a las 8:30am en los pases de prensa, y estar al menos media hora antes para conseguir un buen lugar. Eso precisamente hice, conseguí un asiento perfecto, pero lamentablemente la película que me tocó ver sentado en él ameritaba más bien una tumbona para completar las 8 horas de sueño que tanta falta me hacen --

 

Jimmy P. [Arnaud Desplechin, 2013] – Sección Oficial en Competencia

Jimmy P.

Desplechin es otro consentido de Cannes, esta es ya su quinta visita. Lástima que la razón sea esta película en particular.

Para una sala con más de mil personas, la mayor parte de ella con un promedio de sueño de menos de 4 horas diarias, este tipo de cintas son el test de cabeceo por excelencia.

Un terapeuta experimental, interpretado tal vez con demasiado entusiasmo por Mathieu Amalric, trata de aplicar los principios del psicoanálisis de Freud a un nativo norteamericano fracturado por la guerra, interpretado tal vez con demasiada técnica y método por Benicio del Toro. La medicina tradicional no ha podido explicar los episodios de pánico y las pesadillas de Jimmy Picard, y aquí es donde entra el excéntrico Dr. Devereux a tratar de buscar su origen y causa, que a primera vista parecería ser el stress post-bélico, pero hay mucho más. Y en el proceso, estos dos personajes hablan. Y hablan. Y hablan.

Jimmy P. es una dramatización de hechos reales con todas las de la ley: bien ambientada, bien investigada, bien actuada, bien  dirigida. ¿Cuál es el problema entonces? Que no trasciende ese “bien”,  que es una película demasiado literal, en la que todo se siente al extremo estudiado y medido, lo que la reviste  de una frialdad académica que la hace distante y aburrida. Es como si Desplechin tuviese un checklist de cosas que presentar al relatar estos hechos, y los va tachando sin más mientras las va alcanzando.

A pesar del tema que se trata, no hay sentido de descubrimiento ni de erudición [que probablemente estaban en el guion, más no lo están en la pantalla], no hay sensación de peligro ni de que hay algo en juego [ídem], y cuando lo hay, está resuelto de forma tan convencional, que el resultado es un ejercicio didáctico de dos horas, al que solo falta un resumen al final haciendo compendio de todas las lecciones aprendidas. Ni rastro del Desplechin desenfadado y extravagante de siempre, él solo se hizo una camisa de fuerza a la medida.

La película más floja de toda la competencia hasta ahora.

 

Grand Central [Rebecca Zlotowski, 2013] – Sección Un Certain Regard

Grand CentralHay películas que parecen haberse hecho expresamente para explotar la presencia en pantalla de sus protagonistas. Esta es una de ellas.

Lo que por momentos parece ser una interpretación libre de la trama central de El Cartero Llama Dos Veces [para luego tomar otros rumbos], es partes iguales de relato erótico, y mirada inquisidora a las condiciones de vida y labores de un grupo de trabajadores en una planta nuclear. Estos hombres y mujeres parecen salidos de The Wages of Fear, dispuestos a tomar el trabajo más riesgoso que existe porque sus condiciones no les permiten aspirar a nada más.

La ubicación de la historia es definitivamente ilustrativa de la relación entre sus protagonistas, porque lo más nuclear aquí es la magnética presencia de Léa Seydoux y su química con Tahar Rahim. Ambos entablan una relación clandestina que cambiará la dinámica de la comunidad cuasi-hippie en la que viven.

Las implicaciones de este affaire invitan a un buen debate sobre los conflictos internos que surgen cuando se encuentran de frente la pasión y la emoción del descubrimiento de lo nuevo vs. la comodidad de la costumbre y el conformismo, al igual que los compromisos que se deben hacer al elegir una y otra.

Este tipo de cine, aparentemente tan fácil y simple, a veces no recibe el respeto y admiración que debería. Alcanzar este nivel de naturalidad tan orgánica y palpable no le sale a cualquiera.

Los que hablan de la escasez de mujeres dirigiendo, solo deben volcar su mirada al cine francés. Rebecca Zlotowski es una de sus exponentes más prometedoras.

 

Ain’t Them Bodies Saints [David Lowery, 2013] – Sección Semaine de la Critique

Aint Them Bodies SaintsHay homenajes calcados, y homenajes que internalizan la sensibilidad y la estética del homenajeado y la hacen suya, surgiendo una voz nueva en el proceso. La presente por suerte pertenece al segundo grupo. Alguien se estudió muy bien a Terrence Malick y Badlands.

Como dije ayer, las secciones paralelas del festival son una mina de gemas esperando ser descubiertas, y Ain't Them Bodies Saints es una de ellas.

Tuve el chance de verla en la sala Miramar, y presentes estuvieron su director David Lowery, y sus protagonistas, Rooney Mara y Casey Affleck. Concluida la película, escuché a Lowery decirle a uno de los organizadores de la Semaine de la Critique unas palabras que me llamaron mucho la atención: decía que en esta cinta quería retratar los pequeños momentos que ocurren en medio de los grandes momentos de dos vidas muy intensas. En este caso, las vidas son las de dos asaltabancos, uno atrapado, encerrado en prisión, y luego escapado, y  la otra es la mujer que espera con paciencia su reencuentro.

Lo comentarios que surgieron desde Sundance, donde la película fue sensación, no se equivocan. Las claves de Malick están ahí – la cadencia, los atardeceres, la música etérea y la conexión con la naturaleza, pero Lowery las aterriza en una historia de un género con códigos muy específicos y tan antiguo como el mismo cine.

Salvo las escenas de inicio y final, Ain’t Them Bodies Saints es exactamente sobre esos momentos intermedios de calma antes y después de la tormenta en la vida de un personaje que es componente esencial de la iconografía popular norteamericana: el outlaw, una figura romantizada y mítica, desde el clasicismo de Bonnie and Clyde, hasta el revisionismo posmo de Kit y Holly en Badlands.

El outlaw esta consciente que su verdugo es el tiempo, pues vive bajo tiempo prestado, y el manejo de las elipsis de esos tiempos es notable aquí. Se trata de una figura trágica y condenada a la destrucción, y Lowery retrata ese camino lento e inexorable al patíbulo de forma fascinante, logrando transformar en ritmo e imágenes, abstracciones como la ausencia y la añoranza por el pasado.

Es la mejor película vista en este día, y otra que va a la lista de las mejores en lo que va de festival.

Sunday, May 19, 2013

Cannes 2013 – Día 3

Salle LumiereGrand Theatre Lumiere

Grand Theatre Lumière, sala principal del Palais.

Por mucho, el mejor día hasta ahora.

Primero porque llovió solo por media hora, comí sentado, hubo sol casi todo el día, y una temperatura perfecta de 23°.

Segundo, porque de cuatro proyecciones, me tocaron tres cintas maravillosas como películas y como experiencias cinematográficas inmejorables, al tener la oportunidad de verlas en salas de cine majestuosas, en pantallas gigantescas, y con la mejor calidad de proyección y sonido que existen.

Tercero, porque el reconocido crítico argentino Diego Lerer me invitó a formar parte de la encuesta de críticos internacionales que están cubriendo Cannes, la cual puede verse aquí.

La película a la que di mayor puntaje, es la primera de este grupo, y la mejor que he visto hasta ahora en mi tiempo en la Croisette --

 

Tian Zhu Ding/A Touch of Sin [Jia Zhangke, 2013] – Sección Oficial en Competencia

Jia ZhangkeUna de las mejores experiencias que me llevo de este viaje es el chance de haber conocido a Jia Zhangke.

Por puro accidente, desayunando en el restaurant del Hotel Majestic, reconocí su rostro de inmediato, y me acerqué a hablarle de mi admiración por dos grandes películas suyas como Platform y Still Life.  Me dijo con franqueza que no tenía idea dónde quedaba la República Dominicana, y con la misma franqueza le dije que la única manera de acceder a su cine de ese lado del mundo es, lamentablemente, a través de la piratería. Rio amablemente y me dijo que estaba consciente de ello, tanto, que dentro de su propio país también lo es. Eso unido a que tampoco goza de mucho apoyo por parte de las autoridades culturales locales por el tratamiento poco complaciente que da a la situación actual de su país. Me contó que el proyecto de sus sueños es una película [cuyo guion incluso ya tiene terminado] de espías con los comunistas y el Kuomintang como protagonistas, pero tuvo que abandonarlo cuando la censura quería obligarlo a retratar a los espías comunistas como los héroes de la historia.

Una de las puntas de lanza del cine de vanguardia asiático, Jia es uno de los autores consentidos del mundo de los festivales,  y visita Cannes ahora por tercera ocasión.

El hilo conductor de su cine [particularmente en 24 City y en Still Life, esta última todavía su película más reconocida] ha sido hasta ahora retratar los profundos cambios que está experimentando China con la entrada de un nuevo orden y modelo económico durante las últimas dos décadas.  Se ocupa primordialmente de observar cómo estos cambios han ejercido una presión enorme en los más pobres, particularmente en los trabajadores emigrantes. Como se observa también en el excepcional documental Last Train Home, la mayor parte de la mano de obra en las grandes ciudades chinas se desplaza desde las provincias más pobres, y la desigualdades son tan grandes, que estos individuos llegan a sentirse como extranjeros dentro de su propio país.

A Touch of Sin

Los choques [literales y simbólicos] entre estas dos Chinas componen el eje central de A Touch of Sin, una película de absoluta ruptura dentro de su filmografía. Esto último porque hasta ahora, en su cine el diálogo entre esas dos realidades era pacífico, y podría decirse que hasta de resignación ante lo inevitable, pero aquí en este enfrentamiento las principales armas son la respuesta contundente y la violencia.

Contada en cuatro historias paralelas, Jia afortunadamente evita caer en los lugares comunes de películas corales llenas de trampas como [por citar el peor de los ejemplos] Babel.   La violencia es el factor común entre todas las viñetas, y es esencial para demostrar el efecto devastador que produce la creciente y abismal diferencia de clases en China, que según esta visión que sin duda causará gran controversia allá, está dividida entre ricos y corruptos, y pobres y oprimidos. Aquí la justicia, aunque se persiga como primera instancia, no existe, y la única forma de enfrentarse al opresor es con acción violenta.

Jia presenta claramente que este modelo de [por llamarlo de algún modo] comunismo liberal está diseñado para explotar al más débil – dejando comunidades desoladas a merced de funcionarios corruptos, y limitando las opciones de los más jóvenes a unirse al aparato productivo voraz, o a prostituirse y hasta cometer el suicidio.

Según el propio Jia, este es su película de artes marciales contemporánea, en la que como sucedía en la China feudal que tantas de estas películas retratan, el hombre común en franca desesperanza se levanta ante la injusticia.

 

Soshite Chichi Ni Naru/Like Father, Like Son  [Hirokazu Koreeda, 2013] – Sección Oficial en Competencia

Koreeda

En el cine actual quedan ya muy pocos directores verdaderamente humanistas, y los que quedan son mofados por una corriente de cinismo que ya lo arropa todo, empezando por la crítica cinematográfica. Humanismo que lamentablemente ya es sinónimo de cursilería y manipulación.

Uno de esos observadores humanistas, el mejor de todos los vivos/trabajando activamente, es Hirazu Koreeda. Las comparaciones son odiosísimas, pero en el caso de Koreeda, por nacionalidad y sensibilidad,  la comparación con el que quizás es el más grande de esos humanistas/observadores sociales –Yasujiro Ozu– se escribe sola.

Como todo su cine, el punto de partida de Like Father, Like Son es tan simple, que surgen dos preguntas: por qué a nadie se le había ocurrido antes, o si ya se ha hecho. Dos familias, una adinerada y otra no, reciben la noticia de que sus hijos de 6 años fueron intercambiados el día de su nacimiento en el hospital. ¿Qué hacer ahora? ¿Intercambiarlos? ¿Que una de las dos familias se quede con ambos? ¿Dejar las cosas como están?

Like Father Like Son

Una historia que se presta a la perfección para la manipulación y la cursilería que mencionaba al principio, es manejada con naturalidad y humor en dosis correctas. El drama inherente en una situación como esta, incrementado por la diferencia de clases y de actitudes entre las dos familias, permiten que Koreeda despliegue con maestría sus mejores dones de narrador – su gracia y su toque gentil. Igual que su optimismo, su sentido del humor, y su visión de la familia como unidad, tema que ha convertido en el más recurrente de su filmografía.

Por fortuna, a Koreeda no le interesan ni los escándalos ni entramados legales que conllevaría un proceso como este. Su ocupación central es presentar el enorme trabajo que significa ser padre, biológico o no.

Frank Capra aprobaría, y Spielberg como presidente del jurado seguro que también.

 

The Selfish Giant [Clio Barnard, 2013] Sección Quinzaine des Réalisateurs

Selfish GiantA esto es que se viene a Cannes, a descubrir joyas escondidas.  Las secciones paralelas del Festival como la Quinzaine des Réalisateurs  son minas para este tipo de encuentros.

Basada muy libremente en el cuento infantil homónimo de Oscar Wilde, Clio Barnard [un nombre que no puede sonar más francés, pero no lo es], directora del notable y casi inclasificable documental The Arbor, transforma la prosa de Wilde en poesía gritty. Tan gritty que hasta se acerca a una problemática local que no tenía idea que existía en una sociedad tan avanzada de la nuestra.

Arbor y Swifty son dos niños que viven en un barrio muy pobre de una ciudad aparentemente de Escocia. Arbor es un cañon suelto, y Swifty un santurrón, y probablemente por eso hacen tan buena química. Por su actitud combativa, Arbor es finalmente expulsado de la escuela, lo que ve como un triunfo, y se ve en la necesidad de buscar oficio para apoyar a su madre. Eso oficio es, nada más y nada menos, que el robo de cables para extraerles y reciclar su cobre. Su cliente es el dueño de un taller de chatarras sin muchos escrúpulos que vendría a ser la visión contemporánea del gigante creado por Wilde.

Lo que más sorprende de este relato es la capacidad de Barnard para crear una belleza descomunal aún en las condiciones de precariedad y el ambiente decadente e inhóspito en el que se desarrolla su historia, apoyada simplemente en la relación de dos niños que se necesitan el uno al otro para sobrevivir.

Arbor es un sobreviviente que se rehúsa a dejarse vencer por unas condiciones más fuertes que él, y contagia a su amigo a compartir esa determinación y resiliencia, a crecer a la fuerza.

Barnard parece haberse empleado a fondo estudiando muy bien el cine de los Dardanne, y su primer proyecto como directora de ficción es una película de una honestidad extraordinaria que comparte vasos comunicantes importantes con el cine de esos maestros belgas, el primero de ellos siendo el negarse y evitar a toda costa romantizar la precariedad y convertir su historia en misery porn.

El resultado es un relato coming-of-age conmovedor, en el que cada emoción es ganada a pulso, y que resulta auspicioso de una carrera brillante para su directora. Bravo.

Friday, May 17, 2013

Cannes 2013 – Día 2

Cortinilla con la que inician todas las películas durante el festival.

 

Día de muchísima lluvia.

Vengo de un país caribeño en el que el día más claro llueve, pero nunca había visto semejante clima bipolar como el de estos últimos dos días. Llueve, hace frío, muchísimo viento, la sombrilla que compro como acto de desesperación a un vendedor marroquí por 10 euros sale volando, el sol se asoma por diez minutos. Ese mismo escenario se repitió tres o cuatro veces ayer.

Una bellísima periodista polaca que estaba detrás de mí en la fila para la función de The Bling Ring amablemente me ayudó a recuperar la sombrilla la segunda vez que intentó salir volando. A partir de ahí empezamos a hablar de Heli y de cómo [y lo siguiente lo dijo sin un ápice de ironía, con toda la seriedad del mundo] le dieron ganas de ir a comerse un brownie flambé después de ver la escena más comentada de la película.

También hablamos de otro tema que está en la mente de muchos de los que cubrimos esto por primera vez: uno de los elementos que aportan a la mística de Cannes como EL showcase mundial del cine, es el hecho de que ciertas películas estén siendo vistas por público por primerísima vez. Cuánta presión. Ser el primero en ver una película esperada. Ser el primero en dar una opinión.

Esa presión mal manejada se convierte en el síndrome de FIRST! - uno de los peores males que puede sufrir un evento como este, en el que amén de tantísimas distracciones que gravitan a su alrededor, el cine y su apreciación son los elementos preponderantes. O por lo menos deberían serlo.

Ganarle a todos, y ser el primero en salir corriendo de sala [en ocasiones sin que la película haya terminado] a escribir la primera reseña o el primer tweet.

El tipo de cine que se presenta en Cannes es el que más sufre bajo estas circunstancias. ¿Cómo se puede escribir una crítica a los 5 minutos de haber visto una película, sin haber tenido la oportunidad de internalizarla, pensarla o hasta debatirla con otros?

La siguiente es exactamente el tipo de película que sufre con apreciaciones apresuradas --

 

The Bling Ring [Sofia Coppola, 2013] – Sección Un Certain Regard

Bling Ring

El quinto largometraje de Sofia Coppola dio apertura a la sección paralela Un Certain Regard, creada en 1978 como una especie de respuesta vanguardista a la seriedad de la Sección Oficial, dando la oportunidad a talento joven o debutante de presentarse en Cannes.

En la rueda de prensa en la que a algunas periodistas chinas solo les faltó arrastrarse por el suelo para ver quién entraba primero, Coppola dijo que luego del minimalismo y la ~lentitud~ de Somewhere buscaba un proyecto hiperactivo y diferente.

Basándose en un artículo de Vanity Fair sobre hechos reales ocurridos en Los Angeles, en los que un grupo de adolescentes se dedicó a robar casas de famosos como Paris Hilton y Megan Fox, Coppola demuestra que aunque es ciertamente un proyecto más hiperactivo y flashy que Somewhere o Lost in Translation, no es demasiado diferente a lo que ya ha hecho, y es aquí donde se demuestra nueva vez que Coppola es ya una auteur probada. El auteur siempre vuelve al mismo pozo a tratar de buscar agua nueva.

Es fácil entender la atracción instantánea de Coppola hacia el tema, considerando que se alinea a la perfección con su fascinación por explorar el mundo del privilegio de los jóvenes aburridos/desencantados que lo habitan.

El auteur también por lo general aborda un tema moldeándolo a su estética, que ya de por sí es singular y representativa de su creador, y aquí es donde Coppola y su DP [el fallecido Harris Savides, a quien está dedicada la película] brillan al utilizar su carpeta de trucos completa, con el ingrediente adicional de adaptarla a las reglas de este universo dominado por la tecnología de la inmediatez y la gratificación instantánea: cantidad de información visual abrumadora, imágenes en collage, fotos que se suben de inmediato a Facebook, y el ADD que provoca que todo se vea como una televisión en la que se cambian los canales por segundo. Visualmente, es la película más ambiciosa de la carrera de Coppola: hay un plano general durante uno de los robos con un mise-en-scène salido de una de las películas por las Jacques Tati se hizo famoso [Playtime], en el que invita a la audiencia a que sea ella que edite la escena decidiendo dónde mirar.

Es difícil para un director adentrarse en un microcosmos tan singular como este y evitar romantizar o juzgar a sus personajes y sus circunstancias. Coppola va más allá, llegando a sugerir que el problema no son solamente los jovencitos retratados en su historia, sino nosotros como sociedad consumidora de cultura popular indiscriminadamente. La ubicuidad de esa cultura popular hace que  tengamos a las celebridades más cerca que nunca de nosotros, al punto de enterarnos tanto de su día a día, que hablamos de ellos como gente cercana y los sentimos partes de nuestras vidas. La dirección y ubicación exacta de Paris Hilton está a sólo una búsqueda en Dlisted o TMZ.

Estos jóvenes  no solo robaban por conseguir bienes de lujo, sino por el aburrimiento y el vacío con el que viven, y por el rush que provocaba el hecho de hacerlo. Lo hacían simplemente porque se puede. Una vez acumulan todas las cosas que sus ídolos poseen, sus vidas continúan igual de vacías y sinsentido que cuando no los tenían, lo que invita a pensar si la película no es solo un comentario sobre los que roban, sino también sobre las celebridades víctimas de los robos.

Esta es la era del YO ME MEREZCO, y The Bling Ring es una cápsula que la captura a la perfección para referencias futuras.

 

Otra película basada en hechos reales, pero con resultados diferentes a los de The Bling Ring es la segunda película que vi ayer –

 

Fruitvale Station [Ryan Coogler, 2013] – Sección Un Certain Regard

Fruitvale Station

Como sucedió el año pasado con Beasts of the Southern Wild, Fruitvale Station -debut de su director Ryan Coogler- llega con todas las recomendaciones desde Sundance, donde fue la sensación tanto entre el público [ganó el Audience Award] como entre el jurado [ganó el Grand Jury Prize, mayor reconocimiento del festival].

Inspirada en el caso real de brutalidad policial cometida contra el joven de 22 años Oscar Grant, con todas las buenas intenciones de un director que quiere hacer demasiada reverencia a su historia y sus protagonistas, Coogler cae en la peor de las trampas que puede caer quien se escuda bajo el manto de que ESTÁ BASADA EN HECHOS REALES – romantización extrema, al punto de que la película termina siendo una presentación de simpatía de hora y media.

Rodada a modo de docudrama, a la película definitivamente le falta una pata: otro punto de vista que balancee la imagen de Grant y los hechos.

Harvey Weinstein, quien compró la película inmediatamente la vio en Sundance, estaba presente en el screening al que asistí. No solo empezó a aplaudir a rabiar cuando apareció en pantalla el logo de su estudio, sino que fue el primero en pararse a aplaudir en cuanto concluyó.

La honestidad de Coogler y la vehemencia y compromiso con los que cuenta su historia no se discuten, pero el resultado es un tearjerker televisivo que en las manos de Weinstein se convertirá en el vehículo Oscarbait del año.

Wednesday, May 15, 2013

Cannes 2013 – Día 1

Jurado

Spielberg y su jurado.

Primer día.

Mis plegarias fueron escuchadas, y la acreditación que me otorgaron es azul, lo que significa que los organizadores o quedaron fascinados y aturdidos con mi carta de motivación, o les pareció buen chance de invitar a un cinéfilo de una locación “exótica”.

Y digo “exótica”, porque aquí todo lo que huela a ello es un bien de buena venta, pero hablo de eso más adelante.

Mi acreditación azul es señal de que estoy justo en el centro de la cadena alimenticia: por encima de los arrastrados con gafetes naranjas y amarillos, pero por debajo de los exclusivos con rosados y “rose et pastille” [rosados con un punto amarillo]. Ni hablar de los blancos, avistarlos es como quien se encuentra con un unicornio morado. A su paso las colas se desvanecen, las barreras que bloquean puertas se levantan, y el suelo que pisan se convierte en alfombra roja.

Considerando que el que tiene la mejor acreditación tiene prioridad de entrada para todas las actividades del Festival, el tema de las acreditaciones es conversación obligatoria en todos los pasillos. El hecho de haberme saltado dos, DOS [¡¡!!] rangos completos del sistema de castas Cannesco, es un triunfo que celebro con una botella de agua que me costó 8 euros.

En mi primer viaje hace cuatro años conocí el infierno que viven los sin-acreditación, leprosos indeseables que vagan por la Croisette mendigando invitaciones, pero el cielo y la gloria son para los que hacen sus amarres en menos de una semana, así que ahora tengo la fuerza y el poder [como Mumm-Ra] para ver todo lo que quiera de todas las selecciones.

Y precisamente eso hice en este primer día  –

 

The Great Gatsby [Baz Luhrmann, 2013] – Fuera de Competencia

Gatsby

El otro día le decía a alguien que deseaba con fervor que la manoseadísima frase “Style over substance” desapareciera de la consciencia colectiva.

El uso de ese tipo de muletilla en cualquier apreciación pretendidamente formal de cualquier manifestación artística es suficiente para que la dé por descontada de inmediato.

Ese aforismo fácil es precisamente la principal arma de los que atacan a Baz Luhrmann y su cine. Es cierto, a Luhrmann poco le importa la sustancia, pero en una época en la que más que nunca las películas se hacen por consenso, en que la figura del auteur reconocido por sus sellos visuales va en franco declive, y cuando muchos parecen haber olvidado que el cine es un medio eminentemente visual, alguien como Luhrmann es una presencia bienvenida. Extenuante, pero bienvenida.

Su tratamiento de The Great Gatsby es una contradicción en movimiento. Por un lado, por momentos es probablemente una de las adaptaciones más fieles que he visto de un texto literario, y por otro es un ejercicio de abandono total de la fuente. Cuando se aleja, su idea de regresar a ella es [literalmente] plasmando las palabras de F. Scott Fitzgerald en la pantalla. Una idea que en teoría parece el recurso más barato y tramposo que existe, pero que en este particular universo creado por Luhrmann se siente completamente orgánico y coherente. Artificial, pero todo en el esquema planteado por Fitzgerald lo es para empezar.

El mundo de los Roaring Twenties es un vehículo perfecto para que Luhrmann explotara su sensibilidad ultra-kitsch. Con Gatsby o sin Gatsby, es fácil deducir que Luhrmann eventualmente en algún punto de su carrera terminaría abordándolo.  Aquí de todo hay mucho con demasiado. Mucho vestuario, mucha fotografía, mucho diseño de producción, mucha cámara voladora. Luhrmann parece tomarse a pecho aquella frase de Max Ophüls en que decía que su cámara flotante buscaba capturar la forma exquisita en la que sus decorados suntuosos devoraban los personajes que los habitaban.

Como Luhrmann es un director para quien [como hizo a la perfección en Moulin Rouge] las emociones se expresan sin el menor atisbo de sutileza, se gritan – FREEDOM! BEAUTY! TRUTH! LOVE!, el ennui de Daisy Buchanan, el acto de revivir el pasado para dar forma al futuro, y el desasosiego provocado por la persecución-alcance-pérdida del sueño americano de Jay Gatsby -temas esenciales de la obra maestra de F. Scott Fitzgerald- obviamente no son su preocupación principal.

Abstracciones como esas, al igual que el desencanto internalizado que permea toda la historia de Fitzgerald, son elementos casi imposibles de traducir a un medio como el cine. La elegantísima prosa de Fitzgerald para describir un mundo vacuo es sustituida por Luhrmann con la mayor estridencia visual y sonora posible. Un mood piece contenido se convierte en un espectáculo en el que cada emoción controlada o restringida se pinta con brocha gorda para que quede clarísima.

Y aunque no lo parezca, todo lo anterior lo digo con la mejor de las intenciones y con mi mayor admiración hacia Luhrmann, porque materiales intocables como Gatsby precisamente este tipo de tratamiento es el que necesitan.

Artificio, pero qué es el cine si no eso: make belive.

 

Heli [Amat Escalante, 2013] – Sección Oficial en Competencia

Heli

La exploración de la masculinidad es un tema fascinante. Directores como Sam Peckinpah y Michael Mann hicieron y han hecho de ello un oficio.

En la presente, Amat Escalante, alumno aventajado de Carlos Reygadas, usando la fórmula festivalera de provoca y vencerás, se propone presentar a un hombre que ve perdida su masculinidad, y entiende que la única forma de recobrarla es con violencia.

El caso de estudio es una familia mexicana víctima de la narcoviolencia, y Escalante no se cohíbe al presentar esa violencia con todo el detalle posible, desde canina hasta genital en llamas.

Lars von Trier ha hecho un daño enorme demostrado que la mejor forma de dar de qué hablar en Cannes es creando controversia, provocando. 

Es muy fácil provocar con imaginería chocante, del tipo que hace que el público grite de asombro o se salga de la sala [como de hecho sucedió en la Sala Debussy el día de hoy], cualquiera puede hacerlo, ¿pero qué la desencadena? ¿qué hay debajo de ella? Ahí es donde se paran las aguas, y donde se diferencian directores como von Trier y Haneke del resto.

Las drogas son muy, MUY malas, es un negocio en el que opera gente muy, MUY mala, que hace cosas muy, MUY malas. Eso es Heli. Así en mayúsculas.

Tuesday, May 14, 2013

Cannes 2013

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Cuatro años después, y aquí estamos nuevamente. Solo la excusa de venir a Cannes podía revivir este espacio moribundo.

Y ahora no es si quiero, es que tengo que hacerlo si quiero regresar. La única forma de volver a Cannes y ascender su draconiana [pero efectiva para mantener su aura de exclusividad] cultura de castas, es escribiendo sobre Cannes. Es el arma de chantaje y perpetuidad más efectiva que pudieron elucubrar sus creadores.

El problema aquí no es escribir, sino elegir de qué. La selección es tan enorme, tan amplia y abarcadora, que es imposible verlo y escribir de todo.

En Cannes, el hambre insaciable de ver cine que sufrimos unos pocos encuentra su match, y aquí me encuentro, casi a la medianoche hora local [pero 6:00pm hora corporal], tratando de organizar un calendario de screenings exhaustivo pero realista. Dos horas más tarde, y apenas tengo dos días montados --

Jeune et Jolie Ozon The Bling Ring

  • Jueves 16:

8:30am – Jeune & Jolie [Young & Beautiful] de François Ozon, Sala Lumière, 1h35m. Sección Oficial.

11:00am – The Bling Ring de Sofia Coppola, Sala Debussy, 1h30m. Un Cetain Regard.

2:00pm – Fruitvale Station de Ryan Coogler, Sala Debussy, 1h25m. Un Certain Regard.

7:30pm – The Congress de Ari Folman, Théatre Croisette, 2h. Quinzaine des Réalisateurs.

10:00pm – Heli de Amat Escalante, Sala Lumière, 1h45m. Sección Oficial.

 

The Past Asghar Farhadi A Touch of Sin Jia

  • Viernes 17:

8:30am – Le Passé [The Past] de Asghar Farhadi, Sala Lumière, 2h10m. Sección Oficial.

11:00am – L'Inconnu Du Lac [Stranger by the Lake] de Alain Guiraudie, Sala Debussy, 1h50m. Un Certain Regard.

5:15pm – Le Géante Égoiste [The Selfish Giant] de Clio Barnard,  Théatre Croisette, 1h31m. Quinzaine des Réalisateurs.

10:30pm – Tian Zhu Ding [A Touch of Sin] de Jia Zhangke, Sala Lumière, 2h13m. Sección Oficial.

 

El sistema de acreditaciones y los criterios para otorgarlas, es uno de los misterios mejor guardados de la organización del festival. La primera sorpresa que me depara este viaje será el día de mañana  al ver de qué color será la mía. Estoy rogando por cualquiera cosa menos una amarilla.

Ya que no me queda de otra, cuenten con actualizaciones diarias tanto aquí como en Twitter.

Entren, entren mucho y den muchos clicks como antes, esa es la única forma en la que esta experiencia puede repetirse.

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